No hace aún ni seis meses desde que el Tribunal Supremo condenara a Mediaset a indemnizar a Rocío Carrasco y su familia por atentar contra el derecho al honor y a la intimidad y a la propia imagen cuando, de repente, la susodicha se incorpora de forma sorpresiva a una de las novedades primaverales, «Hable con ellas», después de casi diez años retirada de la primera línea de la actualidad, inmersa en el más absoluto olvido -voluntario pero olvido- y después de la espantada de Natalia Millán del programa.
Conocida por todos como Rociíto, hasta que se hizo mayor y se cansó del cariñoso apelativo, la hija de Rocío Jurado y Pedro Carrasco nació con las cámaras pendientes de ella y protagonizó su primera portada a las horas de nacer.
Todo lo que la niña hacía era «noticia», y así durante muchos años. Desde su infancia, su adolescencia y su primer amor hasta sus intentos de convertirse en modelo profesional o sus primeros pasos ante la cámara como presentadora.
Todo lo que la adulta Rocío Carrasco hacía seguía siendo noticiable: su matrimonio, su maternidad, su divorcio, sus nuevos amores... Mientras, ella seguía su carrera televisiva de la mano de María Teresa Campos.
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